Pan Ácimo

Tras un tiempo sin tomar nada que recordase al pan en sabor, apareció en mi herboristería habitual y, consecuentemente en mi vida, el pan ácimo.

Similar a un fina y crujiente tostada, lo acompaño tanto de alimentos dulces (crema de cacao) como de salados (queso de cabra).

Así, se trata de un pan elaborado sin levadura. Como bien apunta la Wikipedia, se suele elaborar con harina integral y sin grasas, por lo que resulta más saludable que los panes blancos que se elaboran con harinas refinadas, y que muchos panes integrales que recurren a grasas como aceite o mantequilla.

Un día de estos probaré a hornearlo yo misma (puesto que no parece muy complicado) y os mostraré el resultado. Mientras, os dejo esta receta que he encontrado, por si os animáis antes que yo 😛

¡Feliz Martes!

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Cacao, ¿semi o desgrasado?

Desde que comencé la dieta, como os decía en un post anterior, por las mañanas casi siempre tomo leche de avena con cacao puro.

Hasta la pasada semana, tomaba un cacao de la marca Valor. Ahora estoy utilizando otro diferente, de la marca Biográs, puesto que en la herboristería a la que voy habitualmente no tenían del primero.

¿Los habéis probado? ¿Habéis notado diferencias entre ellos?

Personalmente, me quedo con el de Chocolates Valor. Se que es menos dulce, pero me gusta más. Ambos tardan en diluirse en la leche, a pesar de que ésta esté muy caliente, pero se necesita más cantidad del de Biográs para dar sabor a la leche, quizá por el hecho de que el cacao de Chocolates Valor es desgrasado y el de Biográs solo semi (espero no estar diciendo una tontería, disculpad mi “ignorancia”). Por último, el precio es inferior, para la misma cantidad (250gr.), en el bote del cacao de Chocolates Valor (3,90€ en Mercadona, por ejemplo, mientras que el de Biográs vale 5€, al menos en mi herboristería).

¿Qué opináis?

Croquetillas de huevo y zanahoria

Desde que sigo la dieta, no había vuelto a cocinar croquetas.

Más que nada, por temor a que la harina elegida no me ofreciese el mismo resultado que la habitual de trigo o por dudar con respecto a qué sustituiría al pan rallado, a la hora del rebozado.

Pero el viernes me decidí a probar y el resultado no me disgustó en absoluto 🙂

Lo primero que hice fue poner un huevo ecológico y una zanahoria a cocer, para el relleno. Al mismo tiempo, cogí un puñado de almendras al natural y las pasé por el mortero, con el fin de utilizar esas almendras trituradas para rebozar. Tras picar el huevo y la zanahoria cocidos, me puse manos a la obra con la bechamel. No sabría deciros las cantidades utilizadas de harina de espelta integral y leche de avena, puesto que iba añadiendo a la sartén (en la que previamente había vertido una cuchada sopera de aceite de oliva virgen extra)  a medida que veía necesario. Una vez lista la bechamel (no olvidéis la pizquita de sal -yo últimamente utilizo la del Himalaya), la mezclé con la zanahoria y el huevo y lo dejé reposar hasta el sábado. El paso definitivo os lo podéis imaginar: fui haciendo las croquetillas ayudándome de una cuchara, luego las pasaba por huevo batido y, posteriormente, por la almendra molida, antes de ir a la sartén.

Mi opinión objetiva:

– La almendra me ofrecería un mejor rebozado si la hubiese triturado en el molinillo del café, opción que barajé pero no llevé a cabo.

– La harina de espelta integral me resultó más difícil de ligar con la leche que la de trigo, quizá la próxima vez pruebe con harina de avena.

 

 

Pizza “Sin”

Al principio, uno de los platos que más me apenaba no poder comer era la pizza. Al llevar su masa harina de trigo y levadura, lo convertía en un manjar totalmente prohibido.

Adios al ir a pizzerías, me decía.

Hasta que un día, mi pareja me sugirió que por qué no probábamos a cocinar pizza casera en el horno de piedra, utilizando ingredientes permitidos. ¡Vaya descubrimiento! Ni os imagináis lo feliz que fui…

Desde entonces, he probado a hacer la masa con diferentes harinas: espelta, espelta integral y avena. Puedo afirmar que la vez que más me gustó el resultado final, fue cuando utilicé la harina de avena, quizá porque la consistencia al mezclarse con el agua y la sal es mejor (nunca echo más ingredientes).

Como ingredientes, suelo echarle siempre los mismos. Primero unto la base con tomate 0% azúcares añadidos, de Solís (se que sería mejor hacer yo misma tomate natural triturado…). Luego por encima le echo el resto de cosillas: tomate troceado o en rodajas, atún natural, espárragos, pimientos, queso de cabra (los 2 primeros meses no lo comía pero ahora poco a poco lo estoy introduciendo en mi dieta), jamón serrano y huevo ecológico cocido.

¡Me encanta!

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Bizcocho de algarroba con manzana y nueces

Tras buscar una pastelería online que realizase tartas y las enviase a domicilio (siempre sin azúcar, levadura o harina de trigo) y ver que no obtenía frutos, se me ocurrió la idea de hacer yo misma el postre.

No me considero una gran cocinillas, aunque desde pequeña me ha gustado ayudar en tareas de repostería. Recuerdo echar una mano a mi abuela con su tarta de galletas con chocolate y, años más tarde, empezar a hacerla yo sola. Luego copié a mi madre la receta de la tarta de queso (la que se hornea) y a unas amigas la de 3 chocolates. Pero, la verdad, no he innovado mucho más en el tema.

Cuando fui consciente de que si quería comer un dulce el día de mi cumpleaños, tendría que ser algo que cocinase yo, me puse a buscar en blogs y preguntar a mis allegados, para ver si me daban alguna aportación clave de la que naciese “la idea”.

En próximos posts os hablaré de las webs y blogs que suelo consultar para inspirarme en los platos del día a día y hoy os doy la referencia del site que contribuyó a que pudiera soplar el 27 en un rico manjar. Se trata de Cocina Medicina. 100% recomendable.

Como reza el título del post, he hecho un Bizcocho de Algarroba con Manzana y Nueces. Os dejo la receta y fotitos con el resultado 🙂

PD: Si probáis a hacerlo, ya me diréis qué tal el resultado!!

Bizcocho de Algarroba con Manzana y Nueces

Ingredientes:

2 huevos ecológicos
1 yogur de soja natural
1 y 1/2 harina de espelta (por la medida del vasito del yogur)
1 harina de algarroba (también por la medida del vasito del yogur)
2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas soperas de sirope de ágave (o un poquito más incluso )
3 nueces
1 manzana
1 leche de avena (por la medida del vasito del yogur)
1 sobre de gasificante

Se ponen todos los ingredientes en un bol (las nueces las trituraremos antes y la manzana la troceramos en cachitos muy pequeñitos) y se mezclan hasta lograr una pasta uniforme. Untamos un recipiente con aceite y vertemos en él la mezcla.
Lo metemos al horno, que previamente hemos precalentado, y lo mantenemos ahí durante 25′, a una temperatura de 175º.ImagenImagen

“Desayuno con Diamantes”

El hecho de que tengas ciertas restricciones en tu dieta complica un poquito el bonito acto de socializar 😛

De repente, tus hábitos cambian y sientes que has de dar explicaciones a todo el mundo del motivo que te ha llevado a ello, como justificándote o buscando, quizá, una aprobación.

Lo cierto es que tu cuerpo es tuyo, eres tú el máximo responsable de sus cuidados y, si tú sabes qué te funciona, qué te va bien, ¿qué más da que socialmente te vean diferente o “raro”?

Pero lo dicho, siempre es difícil equilibrar la situación.

Uno de los momentos más complicados para mí, fue cambiar los productos de desayuno. Acostumbrada a no tomar nada a primera hora en casa (a lo sumo, 3 nueces) y, a media mañana, en el rato del café, bajar a la cafetería con los compañeros de trabajo y tomarme un colacao con tostadas y mermelada, o un zumo de naranja con tostadas de tomate…Se hizo duro el hecho de tener que prescindir del pan o la leche.

La herboristería se convirtió en mi tienda favorita (casi más que las de ropa 😛 ) y en ella descubrí todo un mundo de posibilidades, por lo que, a día de hoy, siento que el desayuno sigue siendo un buen momento del día.

Así, un día normal desayuno:

– Taza de leche de avena (la fisio me recomendó ésa antes que la de soja). Fijaos bien en los ingredientes, puesto que la gran mayoría contienen azúcares añadidos. Yo compro una que hay en Mercadona de la marca

Cacao desgrasado puro en polvo, de Chocolates Valor. Le echo una cucharadita pequeña a la leche, porque el sabor es más amargo que un ColaCao de toda la vida 😛

Arroz hinchado de la marca “El Granero” (recuerda a los típicos ChocoCrispis jeje).

Galletitas de chocolate de la marca “Celisor” (fue mi graaaaan descubrimiento!! Primero probé unas de la misma marca, que son de quinoa, y la verdad es que están ricas, pero, en comparación…las de chocolate son superiores!!! Aunque la fisio me ha dicho que no debo abusar tampoco, puesto que contiene almidón de tapioca).

– Pan de molde de centeno, hecho con harina de espelta y masa madre de espelta, y semillas de linaza (mmmmmmm…increíble! Es de la Biopanadería Mendigorría y está de lujo!!), o pan ácimo, sobre los que unto una crema de cacao que me quita el sentido 😛 (no puedo abusar tampoco porque está endulzada con fructosa -5%).

Si desayuno pronto, a media mañana me tomo una infusión (que suele ser Menta Poleo) o una fruta (manzana o pera).

En resumen, mi “Breakfast at Tiffany’s” no lo cambio por nada 😛

Afinando un poquito más

Siempre fui una persona de buena boca.

Reconozco que los pescados no son mi opción número 1 si puedo elegir pero, desde pequeña, mis padres siempre manifestaron su contento conmigo por no protestar casi nunca por los menús que había en casa. Comía variado y en cantidades suficientes.

Durante mis años como estudiante, vivía fuera de casa en pisos compartidos. Comía más o menos como en mi casa, aunque la pasta, el arroz y la pizza eran platos con cierto protagonismo semana tras semana.

Una vez me fui a vivir a otra ciudad por motivos laborales, la cosa cambió. El horario de oficina me obligaba a comer fuera muchas veces, por lo que las frituras eran un “must have” en mi dieta de lunes a viernes. Platos combinados con precios por debajo de 5€ y que lo único que hacían era hincharme y dañar mi aparato digestivo, sin aportar prácticamente nada beneficioso a mi organismo.

Esa manera de “relacionarme” con la comida me generaba un estrés que, a su vez, me hacía depender más de ella. Me explico. Consciente de que no eran los menús más saludables, pero asentada en ese ritmo de vida, me generaba ansiedad el hecho de no ser capaz de hacer nada por cambiarlo, siendo ese malestar emocional el causante de que no saliese del círculo (supongo que sabréis que la comida rápida y basura alimentan dichos estados de la mente,  al hacernos incapaces de dejarla de lado por el “mono” que generan).

Unido a esos estados de ansiedad, sufría en ocasiones una bajada de defensas, siendo mi cuerpo el lugar ideal para la proliferación de organismos indeseados.

Por ello, las pautas nutricionales que de inicio me había recomendado mi fisio, se afinaron un poquito más con el paso del tiempo, adaptándose a las necesidades de mi cuerpo.

Así, desde el pasado mes de Octubre, estoy alimentándome de modo que evito los azúcares añadidos, los lácteos y las levaduras y algunos harináceos y, puedo decir que, transcurrido el tiempo, cada vez me voy sintiendo mejor con mi cuerpo (he llegado a pesar 10Kg menos de lo que solía) y mi mente parece poco a poco también ponerse en línea con mi estado físico 🙂