Intolerancia Alimentaria: qué es y cómo me la han detectado

Las reacciones adversas a los diferentes alimentos pueden ubicar al enfermo en dos escenarios diferentes: el de una alergia alimentaria o el de una intolerancia alimentaria.

Como os comentaba antes del paréntesis de Semana Santa, recientemente me han diagnosticado intolerancia a diferentes alimentos. La doctora me ha dicho que debo evitar ingerir diferentes alimentos durante, al menos, dos meses.

Así, es posible que os preguntéis lo mismo que yo en su día, ¿qué diferencia hay entre una alergia alimentaria y una intolerancia alimentaria?

Mientras la primera de ellas es una respuesta inmune exagerada del organismo al entrar en contacto con un alérgeno alimentario, la intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico de nuestro cuerpo.

Las alergias alimentarias provocan desde cuadros cutáneos y/o gastrointestinales, molestias digestivas inespecíficas, náuseas-vómitos, dificultades para tragar, hasta, en casos severos, shocks anafilácticos (riesgo de muerte). Este tipo de afecciones suelen identificarse en los primeros años de nuestra vida y, en muchos casos, son heredadas.

Las intolerancias, por su parte, se dan cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes, pudiendo causar síntomas similares a los de una alergia.

Los casos más comunes de intolerancias alimentarias hacen referencia al gluten y a la lactosa (azúcar que se encuentra en la leche). A mí me han detectado intolerancia a ésa última.

Lo cierto es que, para una persona como yo, que adoraba (y adoro…) comer queso, es todo un drama que te digan que has de dejar de lado ese alimento.

Y es que, en condiciones normales, la enzima lactasa, presente en el intestino delgado, descompone la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa) para que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Pero, cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, como parece ser mi caso, la lactosa no se puede digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal. Y esto provoca síntomas como sensación de hinchazón, dolor, gases e incluso diarrea 😦

Por lo que he leído, aproximadamente un 70% de la población adulta del mundo no produce suficiente lactasa y consecuentemente tiene algún grado de intolerancia a la lactosa. En Europa, la deficiencia de lactasa se da en cerca de un 5% de la población blanca.

De este modo, existen diferentes métodos para diagnosticar las intolerancias alimentarias. La especialista a la que acudo trabaja con un método que la medicina tradicional no aprueba pero cuyo uso se encuentra extendido en la medicina biológica y alternativa: la electroacupuntura de Voll. ¿Habéis oido alguna vez hablar de ello? A mí me sonaba a “chino” (nunca mejor dicho), la verdad.

La Electroacupuntura de Voll (EAV) es un método de diagnóstico que combina elementos de disciplinas como la acupuntura china, la homeopatía, alopatía o medicina convencional y la medicina ortomolecular. Consiste en la medición de la resistencia eléctrica de ciertos puntos sobre la piel (de acupuntura) mediante un electrodo que el médico manipula. (Os adjunto una imagen para que veáis el aparato que suele utilizarse, aunque el de mi doctora era un poco más arcaico 😛 ).

Imagen¿Algún intolerante más en la sala? ¿A qué sois intolerantes y/o alérgicxs vosotrxs? ¿Cómo os lo detectaron y cómo vivís con ello?

¡Feliz martes, familia!

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Un comentario en “Intolerancia Alimentaria: qué es y cómo me la han detectado

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