Banyen Thai Spa Urbano en Vigo

Por muuuchos motivos (que no me voy a poner a detallar porque estaríamos aquí hasta mañana 😛 ), recientemente le regalé a una de mis amigas un bono para un masaje en el spa 🙂

Hace algún tiempo, leía en el blog de Lovely Pepa su opinión sobre un spa urbano en Vigo, al que ella había acudido a hacerse un tratamiento. Recuerdo que no entré en la web ni nada, pero mantuve en mi mente su nombre, ‘Banyen Thai Spa Urbano’, por si en un futuro quisiese darme un capricho o agasajar a alguien con un relajante tratamiento.

Y la semana pasada, en un ejercicio de comparación de varios spas de la provincia de Pontevedra (mientras buscaba una experiencia que cumpliese 100% las expectativas de mi amiga) tiré de memoria y recordé el Banyen Thai Spa. Entré a su web y…¡qué pintas!

Imagen

Lo cierto es que dudé a la hora de elegir el servicio que regalar a mi amiga, siendo los candidatos principales: un baño a la carta (en chocolate), un masaje de cañas de bambú y chocolate y un masaje con piedras volcánicas; decidiéndome, finalmente, por el último, el cual describen así en el site:

Relajante, Estimulate y Equilibrante.

Se realiza con piedras volcánicas traídas de la Isla de Lanzarote. Su gran concentración de minerales ayuda a descontracturar y aliviar tensiones físicas y emocionales. Realizado con aceite caliente, estas piedras son colocadas estratégicamente en los puntos chakras o energéticos de nuestro organismo.

Recomendable para relajarse. 

Imagen

Desde luego, el precio me parece correcto, teniendo en cuenta que mi amiga salió encantada, tanto con el trato de los profesionales como con el tratamiento en sí. ¡Modo zen total!

Espero que el próximo post sobre este centro, haga referencia a mi propia experiencia 😛

 

Conviviendo con la escoliosis y molestias cervicales

Hola amigxs,

En esta ocasión, os hablaré un poco de las dolencias que padezco relacionadas con la espalda y cómo he ido conviviendo con ello.

Hace muuuuchos años (15 mínimo), mis padres empezaron a fijarse en mis posturas al caminar, siempre con la espalda curvada y el pecho hacia adentro. Fui una niña que creció muy rápido en altura, siendo durante una larga temporada la más alta de la clase (objeto de burla por ello por parte de mis compañeros en muchas ocasiones).

Me llevaban al médico de cabecera y éste me decía que debía caminar más estirada, sacando pecho y con la cabeza mirando al frente. Si mal no recuerdo, aquel hombre fue el primero que diagnosticó mi escoliosis.

Posteriormente, mi familia, que estaba acudiendo a un osteópata semanalmente (mi padre por un tema de hernias discales, mi madre por las cervicales y una tía, creo recordar que por problemas en una pierna), convino que lo más acertado sería que comenzase yo también a ir a dicho especialista. Así fue como comencé la “ruta del bacalao”.

El famoso “osteópata” resultó salir “rana”, pero eso no lo sabríamos hasta años después, cuando ya habíamos dejado de acudir a la consulta. Y es que el hombre no tenía título alguno, todo era una farsa, todo mentira. Nos había citado semanalmente a 4 miembros de mi familia (y a tantísima gente más, solo había que ir un día de consulta al piso donde atendía para entender cuánta gente confiaba en él: la sala de espera llena, los pasillos de acceso a la consulta…), a razón de -mínimo- 3.000 pesetas por cabeza la sesión, durante años y años, para luego enterarnos de que era todo una estafa.

Ese hombre, en mi caso, me había dicho que tenía escoliosis, como el médico de cabecera había comentado, y que mi recuperación pasaba por dos posibles vías: poner un corsé o manipular la espalda. A mi edad, ya adolescente, me horrorizaba solo el hecho de pensar en poner un corsé, por lo que me decanté por la manipulación. Y así fue como empezó la “fiesta”. Al principio 2 veces a la semana, luego una única vez. Y la manipulación consistía en que me tumbaba en una camilla articulada y el hombre me daba 3 o 4 golpes secos en la espalda, luego me mandaba poner “a caballito de la camilla” y ahí me manipulaba manualmente cuello y tronco, con torsiones hacia derecha e izquierda. Ahora, solo de pensar en ello, me dan escalofríos. ¿Y si en alguna de esas ocasiones me hubiese lastimado? ¿En qué manos nos estábamos poniendo?

El caso es que yo era una niña y por aquel entonces no sentía dolor. Solo veía que mi espalda hacía una “S” donde pierde su nombre, en la zona lumbar, y que eso llevaba a que, en verano, en la playa, no quisiera ponerme en bikini. Más que nada porque me veía (y me veo) cadera solamente de un lado, lo cual me acomplejaba ligeramente.

Pero con el paso de los años, empecé a ir sintiendo dolores. Y decidí acudir a diferentes especialistas: fisioterapeutas, masajistas, quiromasajistas… No exagero si digo que probé 5, 6 o incluso 7 profesionales diferentes, con sus diversas técnicas. Masajes, manipulaciones, acupuntura, homeopatía, aplicación de calor… de todo.

Hoy en día, lo que más molestias suele darme son las lumbares y la zona cervical. Y tuve la suerte de dar con una profesional que ha entendido a la perfección las necesidades ya no solo de mi espalda, sino de mi cuerpo en general. Os hablaba de ella en otros post. Se trata de mi fisio, Flo, de la “Fisioterapia Cocoon” en Vigo. Os recomiendo esa clínica a todos los que, como yo, busquéis el lugar en que os escuchen, valoren vuestro caso y quieran aportar una solución correcta, válida, que no solo vele por la mejora de vuestra espalda sino de vuestra salud en general, tanto física como psíquica.

Espero poder traeros pronto un nuevo post con una entrevista a las profesionales de “Fisioterapia Cocoon”, Flo y Lucía, para que podáis conocerlas mejor 🙂

Mientras tanto, os dejo con un vídeo que veo cuando me resulta imposible acudir a la fisio y necesito calmar el dolor de la zona cervical. Espero os resulte de ayuda (si vuestro problema se localiza en otra zona de la espalda, en el canal de Fisioterapia Online tenéis un montón de vídeos que quizá os ayuden).

Un abrazo y feliz puente a quienes podáis disfrutarlo 🙂